PROSTITUCIÓN INFANTIL
PROSTITUCIÓN INFANTIL
¿Culpables, Víctimas, o Revictimados?
Abandono emocional como factor de vulnerabilidad ante la Explotación Sexual Comercial de niños niñas y adolescentes en nuestro entorno Cultural
Hilda Muñoz Ramos
Estudiante del Octavo Semestre de Psicología en el CU Lagos, Sede San Juan.
Participante del Verano Delfín 2008
Entendemos por prostitución a la utilización de servicios sexuales a cambio de algún beneficio material, y por prostitución infantil a la realizada por niños, niñas y adolescentes. Si bien es común la comercialización de servicios sexuales por niños y adolescentes menores de 18 años, esta es en su mayoría contra la voluntad de los menores, siendo obligados y abusados; o bien porque ven estas prácticas como un medio más de supervivencia, ya sea por hambre, para el consumo de drogas; entre otras necesidades de índole inmediata que pueden presentar los menores.
La explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes supone la utilización de menores de 18 años de edad para relaciones sexuales (cualquier actividad erótica que implique acercamiento físico-sexual), pornografía infantil y adolescente (actividades de producción, distribución, divulgación por cualquier medio, importación, exportación, oferta, venta o posesión de material en el que se utilice a una persona menor), utilización de niños, niñas y adolescentes en espectáculos sexuales, etc. Donde existe además un intercambio económico o pago de otra índole para la persona menor de edad o para un tercero intermediario[1].
Hablar de explotación sexual es abordar un tema polémico y estigmatizado, por un lado se cree que no existe o que es un problema sin importancia y por otro, aunque se observe la realidad, se cree que es un caso perdido y que no hay nada que hacer, o bien que es una tarea exclusivamente del gobierno. Como parte de la sociedad jugamos un papel muy importante en la erradicación de este problema, en primera instancia es necesario conocerlo para poder hacer lo que está a nuestro alcance, bien para la erradicación y/o para la prevención de la ESCNNA (explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes).
¿Quién es el verdadero responsable de que exista la prostitución infantil? ¿Es acaso el niño? ¿Es el explotador? ¿Es nuestro sistema legal que no castiga a los proxenetas[2] como debiera? ¿O es el pederasta que busca los servicios sexuales de los menores?
La problemática planteada tiene muchas facetas, por un lado está el consumidor y el explotador, por otro el niño y por otro las circunstancias que propician que el niño llegue a ser víctima de la explotación sexual. El hambre y el consumo de drogas son dos factores que propician que el niño busque en la prostitución una fuente para solventar sus necesidades, pero ¿Qué hace que el niño sea adicto y que padezca de hambre? ¿Dónde está la verdadera causa del problema?
Además de los factores que causan directamente la ESCNNA, existen otros de índole indirecta pero no menos importantes, que provocan que los menores sean vulnerables a estas prácticas degradantes, prácticas que no son hechos aislados, son la culminación de un conjunto de situaciones individuales, familiares y sociales que van repercutiendo unas a otras.
Como respuesta a la pregunta ¿Quién es el verdadero responsable de la prostitución infantil? Podemos decir que existe una coparticipación. Si bien es cierto que si no existiese el pedófilo no habría ESCNNA, también es cierto que si los niños estuvieran protegidos no podrían ser abusados. El niño como tal no puede llamarse culpable ni responsable, ya que se encuentra en un estado de vulnerabilidad extrema, y esta vulnerabilidad es provocada tanto por la manipulación del proxeneta, como por la disfuncionalidad de nuestro sistema legal, la apatía social, y la desprotección familiar. Es importante enfatizar en la participación del proxeneta que sirve como mediador ante los servicios sexuales del menor, y que hace que este problema sea mayor debido a la facilidad que existe actualmente en nuestro país para obtener servicios de esta índole.
Podríamos hablar más de cada uno de los corresponsables expuestos, sin embargo centraremos nuestra atención en el factor familia, visto desde una perspectiva social.
Es común escuchar frases como “la familia es la célula de la sociedad” o “los primeros 5 años de vida son primordiales para el desarrollo del ser humano”, etc. En la familia se aprende a socializar, se aprenden los roles, las normas, se aprende a comunicarse y a expresar necesidades y afectos, sin embargo no todas las familias aportan lo necesario para que los niños puedan obtener sanamente estos componentes, el que el niño reciba lo que necesita para crecer sanamente dependerá del estilo de crianza y del ambiente que exista en el hogar.
Para hablar de estilo de crianza citaré los tipos de padres que toma en cuenta Mestre, et al. (España 2001):
Los padres “[...] autoritarios que evalúan la conducta del niño según unos patrones absolutos y exigen obediencia incuestionable; los directivos que orientan y dirigen al niño de manera razonable, tienen en cuenta los resultados, exigen control firme, pero respetan al niño como individuo, y finalmente el padre tolerante que es no punitivo y acepta todos los impulsos del niño”
Tal como lo afirma Coronado, D. (México 2006) “[…] La institución familiar ha sufrido una transformación sustantiva de sus roles y funciones en el proceso de socialización de los sujetos. Este espacio de socialización primaria se ve trastocado en su capacidad institucionalizante para proveer e interiorizar en los sujetos las normas y valores necesarios para su desarrollo e inserción en el ámbito social, convirtiéndolo en un espacio generador de violencia física y psicológica, incapaz de proveer pautas de autorreferencia afectiva y de sentido de pertenencia al grupo.”
Hablar de violencia no se reduce a gritos y golpes, existe violencia activa y pasiva, Tal como lo afirma Salomone (España 2003) “La denominada violencia pasiva se refiere a aquellos actos que por negación o por omisión tienen como resultado la generación de un daño físico o psicológico. Dos de sus categorías más importantes son el abandono físico y el abandono emocional”.
Para un niño que se encuentra desarrollando su autoestima y su autoconcepto, es muy importante la presencia de personas que lo protejan, en la mayoría de los casos quien protege son los padres del infante, sin embargo existen muchas familias que no están al cuidado de los hijos, y los dejan solos en casas habitación muchas veces en malas condiciones en donde el niño se siente inseguro y se ve obligado a valerse por si mismo en edades muy tempranas.
“Maslow introduce el importante concepto de la jerarquía de las necesidades. […] En orden de potencia y prioridad están las necesidades fisiológicas, las necesidades de seguridad, las necesidades de amor y pertenecer, y las necesidades de estima” (Dicaprio, 1989). Según este teórico (Maslow), si las necesidades no son cubiertas en el orden jerárquico que plantea, puede haber alteraciones importantes.
Las necesidades del niño que se ven descuidadas van desde la higiene, alimentación, vestido y/o abrigo etc., hasta las necesidades de estima y afecto.
Si es en la familia donde aprendemos las habilidades de supervivencia, y es el hogar un espacio hostil, lleno de carencias y violencia, ¿Qué podemos esperar de nuestros niños? ¿Tendrán las herramientas necesarias para enfrentar las dificultades con las que se encuentran, ya sea en la calle o en el mismo ambiente familiar?
Aunque se cubran las necesidades de alimento y vivienda, si las necesidades de seguridad, de amor o pertenencia no son satisfechas, el niño crecerá con importantes deficiencias en la autoestima y autosuficiencia. Estos niños pueden además presentar una sensación de vacío, desesperanza y desmotivación, sensaciones que pueden provocar actitudes de conformismo o tendencia a las salidas fáciles. Además así como lo dice De Lucio Adriana (Argentina 2007) “Los niños que padecen violencia, abuso físico y psicológico a edad temprana, llevan el resto de sus vidas un estigma de tristeza, depresión, baja autoestima, inestabilidad emocional, tendencia al suicidio, sentimientos de culpa, miedo vergüenza […]” etc.
Si el niño no encuentra en su hogar protección y un sentido de pertenencia, y además tampoco encuentra el solvento para saciar el hambre, el niño saldrá a la calle, irá en búsqueda de la estabilidad que carece. “En la calle se forman grupos que brindan a los niños, las niñas y los adolescentes, un sentido de pertenencia, cubriendo el vacío afectivo y solidario que debía existir en sus casas.” (Coronado, D. 2006).
El Diagnóstico Nacional de los Menores en Situación Extraordinaria (realizado por el Sistema Nacional Mexicano para el Desarrollo Integral de la Familia y la UNICEF) indica que entre las principales causas por las que los menores se encuentran en la calle están las de evitar el maltrato (36,3%) y la no atención de los padres (31,7%).
Pero ¿Qué es lo que ocurre para que el niño caiga en un ambiente de más violencia y explotación? La respuesta es simple, si el niño sufre de desprotección y carencias de afectividad en el ambiente familiar, se crea un sentimiento de desesperanza, una pérdida de la motivación para afrontar la violencia, debido a que en el pasado ha probado distintas opciones y ninguna ha resultado, la violencia continúa presente en su vida (Walker, 1996; citado por Coronado, D. (2006)), es así como el niño se vuelve víctima de la explotación sexual comercial. Va en búsqueda de una figura de protección, ya sea en un grupo con el que se identifica, o bien en un adulto que le protege, y no es que al niño le guste la vida que lleva en la calle y dentro de la “prostitución”, es que no conoce otro entorno mejor, teme de todo lo que le rodea, teme de los albergues, de la policía etc., porque ha experimentado situaciones desagradables en esos espacios y con esas personas.
Entendemos cómo es que el abandono emocional se transforma en un factor importante de vulnerabilidad para la ESCNNA, y que los niños como tales, no pueden ser llamados culpables de estas prácticas. Sabemos que las familias de nuestro entorno cultural cometen abandono emocional. Sin embargo, la cuestionante ahora es, ¿Qué hace que las familias actúen de esta manera?
Los motivos del maltrato (Azaola, 1993) pueden ser: tensión emocional diaria (estrés), frustración, necesidad irracional de ejercer poder, tensión en el trabajo, falta de dinero para cubrir las necesidades primarias, problemas con la pareja, experiencias de maltrato o abandono sufridas por el adulto en el presente o en el pasado, enfermedades o cansancio acumulado, patrones culturales errados, consumo de alcohol y otras drogas, etc.
En un estudio realizado en Veracruz (Moreno, 2004) se analizó la relación entre el abandono emocional con variables tales como las condiciones de la vivienda, características del barrio, nivel educativo y cultural de los cuidadores etc. Los resultados fueron los siguientes:
Las familias que presentaban abandono emocional, presentaban además:
Condiciones inadecuadas de vivienda: Riesgo significativo de perder la vivienda. El espacio es escaso y puede llegarse a la aglomeración. Faltan servicios y equipamientos importantes, pero no básicos para vivir, se precisan arreglos. La seguridad e higiene no son adecuadas.
Deficiencias objetivas en el barrio: Los miembros de la familia no pueden realizar en el barrio alguna actividad en concreto, pero sí sus actividades normales. El barrio es razonablemente seguro y habitable. Los padres están satisfechos de vivir en él.
El nivel cultural de ambos progenitores es medio o bajo: Han cursado estudios elementales, aunque son conscientes de la importancia de las limitaciones asociadas a dicha falta de formación. Dicen estar preocupados por que sus hijos estudien, aunque frecuentemente no lo demuestren en la práctica. Puede existir alguna particularidad cultural en la familia que suponga cierto problema de inadaptación para alguno de sus miembros.
Los hábitos de crianza atención y cuidados al menor son negativos: Bastantes aspectos de las relaciones padres-hijos son problemáticos y suponen con frecuencia una fuente de tensión o malestar para los niños o sus padres; implican frecuentemente un riesgo notable de desprotección infantil para los menores de la familia; no tienen conciencia clara de las necesidades afectivas de los menores y, por lo tanto, no las cubren; tienen una percepción básicamente negativa de los hijos; las expectativas de los padres con respecto a los hijos son inapropiadas y su comportamiento parental no se ajusta a las mismas; hay déficits importantes en la comunicación entre padres e hijos y frecuentemente no existe entendimiento entre ambos; se producen habitualmente confusiones entre los roles padres-hijos; los padres utilizan una disciplina inapropiada y/o inconsistente con sus hijos, apenas pasan tiempo con ellos y no se preocupan por realizar actividades lúdicas o brindarles oportunidad de aprendizaje; la asistencia médica regular no es asumida como una obligación, aunque al percibir algunas alteraciones de salud significativa se acercan a los servicios médicos, teniendo pocas garantías de seguir las indicaciones que se les hacen, lo que supone un grave riesgo para su salud; la dieta no es equilibrada y responde a las demás caprichosas que realizan; la periodicidad, en consecuencia, también es desordenada, lo que refuerza aprendizajes negativos; los menores están sucios y no realizan las tareas higiénicas básicas.[3]
“En México, 29% de los menores ha sufrido abandono” (López, 2008) y tal como lo afirma Chávez (México 2006), “el estado de Jalisco no constituye la excepción a la participación de una cultura de violencia familiar caracterizada por diversas formas de abuso y maltrato, y de conductas que por acción u omisión ocasionan daño físico o emocional a alguno de los miembros de esa institución social, particularmente a los niños”.
Hay una relación fehaciente entre la pobreza y la violencia o abandono emocional en nuestro país, sin embargo Briseño (México 2008), afirma que “este es un problema que ha venido aconteciendo en el seno de muchas familias mexicanas sin menoscabo de posición social, económica o cultural”, y según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e informática (INEGI), una de cada tres familias en México sufre de abuso, tanto físico, psicológico o sexual, y en su mayoría son niños y mujeres las principales víctimas”.
Es alarmante la recurrencia de la violencia y del abandono en nuestro país, y es entristecedor darse cuenta que existen patrones socioculturales que revisten una fuerte carga de prejuicios, como la desvalorización del género femenino, el uso de la fuerza y la violencia para la resolución de conflictos, el autoritarismo patriarcal, la verticalidad del poder en las estructuras familiares, la nula comunicación afectiva, así como el escaso desarrollo de lazos de identidad y pertenencia al grupo (Coronado, D. 2006). Es en este ámbito donde radica la prevención de la ESCNNA. Lo interesante de esto es que si actuamos en la educación de las familias para que en ellas exista comunicación afectiva, igualdad entre géneros (masculino y femenino), un uso adecuado de la autoridad e impartición de la disciplina, así como un adecuado sentido de identidad y unidad entre los miembros, no sólo estaremos previniendo la explotación sexual, sino que estaríamos colaborando para que se reduzcan los casos de personas con niveles elevados de estrés, las familias frustradas, se reducirán los casos de niños de y en la calle[4], además de los casos de drogadicción y alcoholismo entre otros. Puesto que son problemáticas que están estrechamente relacionadas.
Nuestro papel como sociedad, será además de la tolerancia cero a la explotación sexual y comercial, la tolerancia cero a la violencia y a los casos de infantes víctimas del abandono emocional, puesto que además de que estos niños son abandonados en sus familias, lo son también por los familiares indirectos, y por si esto fuera poco, son rechazados y criticados por los vecinos y conocidos etc.
Trabajemos por una sociedad pacifica, por familias con salud mental. Que nuestros estilos de vida sean saludables en todos los aspectos y juntos como sociedad hagamos lo que nuestro sistema gubernamental no ha logrado hacer, erradicar las problemáticas sociales que más repercuten para la existencia o no del bienestar personal y social de nuestro entorno.
Vivimos en una sociedad en la que están muy marcadas las diferencias económicas y sociales, y nadie está interesado en la igualdad, o al menos nadie que tenga un poco de poder para hacerlo, hablamos de igualdad cuando sufrimos las consecuencias de la opresión de otros grupos, pero cuando tenemos un poco de poder, olvidamos este concepto y luchamos por ser cada vez más poderoso y tener cada vez más dinero, sin importarnos los que tienen cada vez menos. “En definitiva, los niños, niñas y adolescentes de y en la calle son demostración fehaciente del recrudecimiento de las desigualdades económicas y sociales evidenciadas por la reducción de oportunidades para optar por una vida digna para todos” Chávez (México 2006). Y ¿Dónde repercuten estas desigualdades? ¿A quiénes afectan? ¿Son acaso los más pobres los únicos afectados?
Las afectaciones sociales son como su nombre lo dice, sociales.
¿Quiénes son afectados por la violencia?
Las circunstancias de nuestro país nos da la respuesta, vivimos en un mundo en el que está proliferando el miedo, miedo a salir a las calles, miedo a ser víctimas… y se preguntarán ¿Qué tiene que ver esto con la explotación sexual? ¿Es acaso un fenómeno aislado? ¿Existirá alguna relación entre las redes de mercado y turismo sexual y las redes de narcotráfico?
El problema real es más bien que una cosa lleva a la otra, el abandono emocional es causante de que haya niños de y en la calle, los niños en la calle son víctimas de explotación sexual, pero también pueden llegar a ser delincuentes, adictos a las drogas, adultos violentos etc. y no se trata de juzgar a nadie, se trata de ver la realidad de las cosas y actuar, actuar por una sociedad con igualdad, una sociedad con salud integral y con expectativas de un futuro mejor.
“Es en las familias donde se hacen visibles las repercusiones de las enfermedades sociales producto de distintas carencias, limitaciones y, propiamente, de las necesidades insatisfechas del sistema social, que redundan en la ausencia de un desarrollo saludable de sus miembros”. (Chávez, 2006). Actuemos pues en las familias, en nuestras familias, para de ahí partir y disminuir esas enfermedades sociales. Hagamos que las necesidades de nuestros niños y de nuestros adultos estén satisfechas. Con detalles como estos podemos comenzar los cambios en la sociedad que muchos quisiéramos.
Dejemos de quejarnos del gobierno, del vecino, del pariente, del marido, de la iglesia etc. ¿Quieres progresar? “Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos” (José Ortega y Gasset), pero “la palabra progreso no tiene ningún sentido mientras haya niños infelices” (Albert Einstein) puesto que “lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad” (Karl A. Menninger ).
¡¡¡ACTUEMOS!!!
Bibliografía
(s.f.). Recuperado el 02 de Octubre de 2008, de http://www.unicef.org/lac/1.conceptosbasicos.pdf
(s.f.). Recuperado el 17 de Septiembre de 2008, de http://rebeldealegre.googlepages.com/psicoterapia
(s.f.). Recuperado el 17 de Septiembre de 2008, de Monografias: http://www.monografias.com/trabajos/smenfins/smenfins.shtml
Briseño, C. (20 de Mayo de 2008). Violencia Intrfamiliar.
Chávez, M. A. (2006). Acercamiento a la explotación sexual y comercial de niños niñas y adolescentes en Jalisco. Guadalajara, Jalisco México: Sistema Desarrollo Integral para la Familia, Gobierno de Jalisco, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.
Dicaprio, N. (1989). Teorìas de la Persnalidad. México: McGRAW-HILL.
Encarta. (2008). Microsoft Corporation. Diccionarios (DRAE) .
Gaborit, M. S. (2002). La violencia ubicua y el abuso infantil. Eca (650).
López, M. P. (28 de Abril de 2008). La Mirada de Joking. Recuperado el 19 de Julio de 2008, de http:/www./joking.com/niñosviolentados.html
M.V. Mestre, P. S. (2001). Estilos de Crianza y Desarrollo Prosocial de los Hijos. Revista de Psicología General y Aplicada , 691-703.
Moreno, J. M. (2004). Etiología del Maltrato Infantil, Estilo Educativo, Prácticas de Crianza y Contexto Social. Psicología y Salud , 14 (001), 121-134.
Salomone, M. G. (2003). Las máscaras de la violencia. Grupo Docente. Revista on line de Educación (06).
[1] Adaptado de la Declaración del Congreso Mundial contra la Explotación Sexual Comercial de los Niños, Estocolmo, Suecia, junio de 1996. Y Hojas Informativas de la Reunión de Seguimiento del II Congreso Mundial contra la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes –América Latina y el Caribe-, San José, Costa Rica, mayo 2004. (s.f.). Recuperado el 02 de Octubre de 2008, de http://www.unicef.org/lac/1.conceptosbasicos.pdf
[2] “Persona o grupo de personas que utiliza(n) a niños, niñas y adolescentes para que éstas realicen actividades sexuales a cambio de una remuneración económica o ventaja económica/ Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona”.
[3] Moreno, J. M. (2004). Etiología del Maltrato Infantil, Estilo Educativo, Prácticas de Crianza y Contexto Social. Psicología y Salud , 14 (001), 121-134
[4] Niños de la calle son los que se encuentran permanentemente en ella y no cuentan con una familia, los niños en la calle son los que aunque tienen familia y casa, pasan la mayor parte del día fuera de ella.